19 de octubre de 2026
Te agachas, cierras su pequeña chaqueta, le das un último abrazo y entonces ocurre: le tiembla el labio, sus bracitos se aferran a tu cuello y empiezan las lágrimas. Quizás caminas hacia el auto con los ojos llorosos, preguntándote si estás haciendo lo correcto. Si esto te suena familiar, no estás sola ni solo.
En Runningbrook International Preschool hemos acompañado a más de 1.200 familias de más de 35 países desde 1993. Hemos vivido muchos primeros días y podemos decirte algo con seguridad: las lágrimas al momento de la despedida son una de las partes más comunes y naturales de comenzar el jardín infantil. Para muchos niños, llorar de vez en cuando durante las dos primeras semanas (a veces un poco más) es completamente normal.
En este artículo te explicamos por qué ocurre la ansiedad de separación, qué puedes observar durante el período de adaptación y qué pasos prácticos puedes dar para apoyar a tu hijo, y a ti mismo, en el camino.
Puede parecer difícil de creer cuando tu hijo llora desconsolado en la puerta, pero la ansiedad de separación es en realidad una señal de que algo va bien. Demuestra que tu hijo ha formado un apego seguro y amoroso contigo.
La investigación en desarrollo infantil temprano ha estudiado este tema por décadas. La teoría del apego del psiquiatra John Bowlby, ampliada luego por la psicóloga Mary Ainsworth, mostró que los niños pequeños usan a sus cuidadores principales como una base segura: un lugar seguro desde el cual explorar el mundo y al que volver cuando se sienten inseguros. Cuando esa base se aleja, aunque sea por un rato, protestar es una respuesta natural.
La Academia Americana de Pediatría señala que la ansiedad de separación suele aparecer entre los 8 y 12 meses, a menudo alcanza su punto máximo entre los 10 y 18 meses y, por lo general, disminuye gradualmente durante los primeros años preescolares. Sin embargo, puede reaparecer a cualquier edad cuando el niño enfrenta algo nuevo, como entrar al jardín, cambiarse de casa o la llegada de un hermanito.
El Centro para el Niño en Desarrollo de la Universidad de Harvard también destaca que las relaciones receptivas y constantes con adultos afectuosos ayudan a los niños a desarrollar habilidades para manejar el estrés. Es decir, cuando tu hijo aprende que siempre vuelves, y que otros adultos de confianza pueden consolarlo mientras tanto, está construyendo una resiliencia que lo acompañará toda la vida.
Cada niño es único y los niños se desarrollan a ritmos diferentes. Algunos entran el primer día sin mirar atrás y luego lloran en la segunda semana, cuando se dan cuenta de que esto es una nueva rutina. Otros lloran intensamente al principio y se adaptan en pocos días. Ambos patrones son normales.
Esto es lo que podrías notar durante las primeras semanas:
Los bebés (6 meses a 2 años), como los de nuestro programa Growing Steps, pueden llorar cuando pierden de vista a su mamá o papá, y suelen calmarse con una educadora constante, objetos familiares y rutinas predecibles.
Los niños de 2 a 3 años en Playgroup pueden protestar de forma intensa y física, ya que tienen emociones fuertes pero todavía están desarrollando las palabras para expresarlas.
Los preescolares (3 a 6 años) en Kid's Club y Pre-Kinder pueden expresar sus preocupaciones con palabras: pueden preguntar "¿A qué hora vienes a buscarme?" o decir que les duele la guatita en la mañana. Los niños más grandes también se benefician de conversar sobre sus emociones y entender la rutina del día.
En nuestro entorno multicultural vemos cómo las tradiciones familiares influyen en la transición. En muchas familias chilenas y latinoamericanas, los niños pequeños pasan gran parte de su tiempo con sus papás, abuelos o la nana, y los lazos con la familia extendida son muy valorados. Otras familias quizás han usado sala cuna desde temprano. Algunas culturas fomentan la independencia temprana, mientras que otras priorizan la cercanía y la contención por más tiempo. Ningún enfoque es mejor o peor; simplemente significa que cada niño llega con experiencias distintas. Para los niños en educación bilingüe, escuchar un nuevo idioma puede sumar novedad, por eso nuestras educadoras se aseguran de que cada niño se sienta comprendido y acogido en ambos idiomas.
No puedes (ni necesitas) evitar todas las lágrimas. Tu objetivo es ayudar a tu hijo a sentirse lo suficientemente seguro para enfrentar esa emoción. Estas estrategias pueden ayudarte desde hoy:
Una rutina constante ayuda a tu hijo a saber qué esperar. Puede ser un saludo especial, dos abrazos y un beso, o despedirse con la mano desde la ventana. Que sea cariñoso, breve e igual todos los días. Las despedidas largas suelen hacer la separación más difícil para todos.
Puede ser tentador escabullirse mientras tu hijo está distraído, pero esto puede afectar su confianza. Un mensaje simple y seguro funciona mejor: "Te quiero. Me voy a trabajar y te vengo a buscar después de la colación". Relacionar tu regreso con un momento de su día (en lugar de una hora) lo hace más fácil de entender para los niños pequeños.
Un pequeño objeto de apego, como una foto familiar, un peluche o incluso un pañuelo con tu olor, puede servir de puente entre la casa y el jardín. Pregúntale a la educadora de tu hijo qué funciona mejor en su sala.
Los niños procesan sus experiencias a través del juego. Prueba representar la despedida con peluches: el osito va al jardín, juega con sus amigos y luego la mamá o el papá vuelve a buscarlo. Leer cuentos sobre el inicio del jardín también puede abrir conversaciones sobre las emociones. Nombra lo que siente sin minimizarlo: "Te pones triste cuando me voy. Es normal. Y tu tía va a estar ahí para ayudarte".
Los niños son muy buenos para leer nuestras emociones. Está bien sentir pena, pero intenta mostrar calma y seguridad en la puerta, y luego desahógate si lo necesitas. Mantente en contacto con las educadoras; en Runningbrook estamos felices de contarte cómo se calmó tu hijo después de que te fuiste. Mantener una asistencia regular durante las primeras semanas también ayuda a que tu hijo se adapte más rápido.
Nuestro enfoque centrado en el niño significa que respetamos el ritmo de cada niño, en lugar de esperar que todos se adapten en los mismos plazos. Ofrecemos un período de adaptación gradual y trabajamos de cerca con las familias para ajustarlo cuando es necesario.
Así acompañamos a los niños en este paso tan importante:
El juego no es solo una distracción para no extrañar a la mamá o al papá; es la forma en que los niños desarrollan confianza, practican el manejo de sus emociones y hacen sus primeras amistades. Con el tiempo, el jardín se convierte en una segunda base segura, un lugar donde tu hijo se siente conocido y valorado.
La mayoría de los niños se adaptan gradualmente en algunas semanas, pero cada niño es distinto. Considera conversar con las educadoras o con el pediatra si la angustia parece aumentar en lugar de disminuir después de varias semanas, si tu hijo está muy angustiado durante todo el día, o si la preocupación por la separación está afectando significativamente su sueño, alimentación o juego en casa. Pedir ayuda nunca es exagerar; es parte de trabajar en equipo.
Esas lágrimas en la puerta no son una señal de que tomaste la decisión equivocada ni de que tu hijo no está preparado. Son una señal de amor y apego y, con tiempo, paciencia y constancia, normalmente dan paso a despedidas alegres con la mano e historias sobre nuevos amigos.
Recuerda: tú eres quien mejor conoce a tu hijo. Conoces su temperamento, sus señales y lo que lo ayuda a sentirse seguro. Confía en ese conocimiento, compártelo con sus educadoras y recuerda que no tienes que vivir esta transición en soledad.
En Runningbrook es un honor acompañarte en esta etapa tan importante del desarrollo infantil temprano. Dos semanas de lágrimas pueden parecer eternas, pero muchas veces son el comienzo de un camino lleno de confianza, curiosidad y alegría. Y cada vez que vuelves a buscarlo, tu hijo aprende que el mundo es un lugar seguro para explorar.