26 de octubre de 2026
Recuerda el primer balbuceo de tu hijo o hija, la primera vez que dijo una palabra que entendiste, o el día en que juntó dos palabras y te miró con orgullo. Son momentos que se quedan con nosotros. Además, son señales de algo extraordinario que ocurre en la primera infancia: un cerebro especialmente abierto al lenguaje.
Muchas familias han escuchado que los años preescolares son una ventana para el lenguaje. Suena emocionante, pero también puede generar presión. ¿Se está cerrando la ventana? ¿Estoy haciendo lo suficiente? ¿No debería estar hablando más a esta edad?
En este artículo vamos a ver qué entienden los investigadores por período sensible del lenguaje, cómo se puede notar en el día a día de tu hijo o hija y algunas formas simples y entretenidas de aprovecharlo, que caben fácilmente en las rutinas que ya tienes. Para adelantarte la idea principal: no necesitas tarjetas didácticas ni programas especiales. Lo que más ayuda es algo que ya le das todos los días, la conexión real.
La idea de los períodos sensibles tiene una larga historia. Hace más de un siglo, la médica y educadora italiana Maria Montessori observó que los niños pequeños pasan por etapas en las que se sienten especialmente atraídos por ciertos aprendizajes. El lenguaje era uno de los más evidentes.
La neurociencia actual respalda gran parte de lo que ella observó. Las investigaciones de Patricia Kuhl y su equipo en la Universidad de Washington han mostrado que los bebés nacen capaces de distinguir los sonidos de casi todos los idiomas del mundo. Kuhl los ha llamado ciudadanos del mundo. Hacia el final del primer año, los bebés se vuelven más hábiles con los sonidos que escuchan a su alrededor y menos sensibles a los que no oyen. Su cerebro se va sintonizando con los idiomas de su hogar.
Uno de los estudios más conocidos de Kuhl dejó una lección importante para las familias. Bebés de nueve meses de hogares angloparlantes que jugaban en persona con una hablante de mandarín mantuvieron su capacidad de distinguir los sonidos de ese idioma. Los bebés que escucharon el mismo mandarín en video o en grabaciones de audio no la mantuvieron. La interacción humana en vivo fue lo que marcó la diferencia.
Otros estudios apuntan en la misma dirección. El Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard describe las interacciones de ida y vuelta (serve and return), ese intercambio entre un niño y un adulto que lo quiere, como la base de una arquitectura cerebral sana. Un estudio de 2018 liderado por Rachel Romeo en el MIT encontró que la cantidad de turnos de conversación que vivían los niños se relacionaba con la actividad en las zonas del lenguaje del cerebro, incluso más que la cantidad total de palabras que escuchaban.
Conviene dejar esto claro. Un período sensible no es un período crítico que se cierra de golpe. Las personas siguen aprendiendo lenguaje toda la vida, incluso idiomas nuevos en la adolescencia y la adultez. Pero en la primera infancia el cerebro capta sonidos, ritmos y gramática con una facilidad especial, muchas veces sin enseñanza formal. Por eso estos años son una oportunidad tan valiosa, aunque no sean la única.
Cada niño y niña se desarrolla a su propio ritmo, y el rango de lo esperable es amplio. Algunos hablan temprano y sin parar. Otros escuchan y observan durante mucho tiempo y de repente aparecen con frases completas. Ambos caminos son comunes. Esto es, a grandes rasgos, lo que podrías notar:
Muchas familias en Santiago, y muchas en Runningbrook, crían a sus hijos con dos o más idiomas. Si es tu caso, puede que notes algunas cosas adicionales que son completamente normales:
Las investigaciones de Ellen Bialystok y otros también han asociado el bilingüismo con fortalezas en la atención y en la flexibilidad del pensamiento. Aprender más de un idioma es un recurso, no una carga.
La cultura también influye en el lenguaje. En algunas familias se anima a los niños a conversar con los adultos durante la once o la comida. En otras, los niños aprenden sobre todo mirando y escuchando, y conversan más con hermanos y primos. Hay hogares llenos de libros y otros donde las historias, canciones y dichos pasan de boca en boca desde los abuelos. Todos son entornos ricos en lenguaje.
La buena noticia es que apoyar el lenguaje no requiere materiales especiales ni tiempo extra. Ocurre en los momentos que ya compartes. Aquí van cinco ideas que puedes probar hoy mismo.
¿Te acuerdas de los turnos de conversación? Incluso con una guagua puedes turnarte: tu guagua hace un sonido, tú respondes, haces una pausa y esperas. Con un niño pequeño que apunta a un perro en la plaza, podrías decir: ¡Sí, un perro grande! Está corriendo rápido. ¿Para dónde crees que va?. Después dale tiempo para responder, con palabras, sonidos o gestos. En esa pausa es donde ocurre el aprendizaje.
Vestirse, cocinar o ir a la feria son oportunidades para el lenguaje. Ahora nos ponemos los calcetines azules. Un calcetín, dos calcetines. ¡Uy, qué frío hace esta mañana!. Este tipo de narración pone palabras a experiencias reales, y así el significado se queda.
La lectura compartida es una de las prácticas más recomendadas para apoyar la alfabetización temprana, y no tiene que seguir el texto al pie de la letra. Señala las imágenes, pregunta qué creen que pasará o inventen su propia versión. Las canciones, los juegos de dedos y las rimas en cualquier idioma ayudan a los niños a escuchar el ritmo y los sonidos del habla. Si te pide el mismo cuento veinte veces seguidas, no hay problema: la repetición es parte de cómo aprenden.
Si en tu familia se habla más de un idioma, háblale a tu hijo o hija en el idioma en que te sientes más cómodo y expresivo. Lo que más les sirve es un lenguaje rico, cálido y natural, el que usas para bromear, consolar y contar historias. Mantener fuerte el idioma del hogar también cuida su conexión con los abuelos, la cultura y su identidad.
Una caja de cartón que se convierte en micro, una cocinita, una llamada imaginaria a la abuela: el juego simbólico está lleno de lenguaje. Los niños inventan personajes, negocian roles y cuentan historias. Súmate de vez en cuando, sigue su iniciativa y evita corregir cada palabra. Si dice yo sabo, puedes responder simplemente: ¡Sí, tú sabes mucho!. Mostrar la forma correcta con naturalidad funciona mejor que señalar el error.
Una última nota: la investigación muestra de forma consistente que los niños pequeños aprenden el lenguaje mejor de las personas que de las pantallas. Eso no significa que estén prohibidas. Cuando son parte de la vida familiar, verlas juntos y conversar sobre lo que ven convierte ese rato en tiempo compartido.
En Runningbrook International Preschool, nuestro enfoque centrado en el niño y el aprendizaje a través del juego se basan en los mismos principios que destaca la investigación. Desde 1993 hemos visto cómo crece el lenguaje de los niños cuando se sienten seguros, valorados y libres para explorar.
En cada programa, desde Growing Steps hasta Pre-Kinder, nuestras educadoras siguen los intereses y el ritmo de cada niño. Sabemos que un niño que hoy está callado puede estar absorbiendo todo, y que la confianza es uno de los grandes motores del desarrollo infantil temprano. Cuando los niños se sienten bien consigo mismos, quieren comunicarse.
Cada niño y niña es único. Algunas diferencias en el desarrollo del lenguaje son parte de la variación normal, y los niños bilingües pueden seguir un calendario un poco distinto. Si algo de la comunicación de tu hijo o hija te inquieta, confía en tu intuición y conversa con sus educadoras o con su pediatra. Pedir apoyo a tiempo es un paso positivo, nunca un fracaso.
Los años preescolares sí son una ventana especial para el lenguaje. Esa ventana se llena de momentos cotidianos: la canción de cuna antes de dormir, la conversación en el auto, las risas con una rima tonta, la respuesta al ¿por qué? número cien del día. No necesitas ser perfecto ni hacer más. Basta con estar presente, responder y ser tú mismo.
Y recuerda: tú eres quien mejor conoce a tu hijo o hija. Conoces sus sonidos, sus gestos, sus palabras favoritas y los cuentos que más le gustan, y eso es la mejor base posible. En Runningbrook nos alegra acompañarte mientras tu hijo o hija encuentra su voz, en uno, dos o muchos idiomas.