6 de julio de 2026
Si alguna vez has visto a tu hijo pequeño abrir montones de regalos de cumpleaños, apenas mirando uno antes de tomar el siguiente, no estás solo. Muchos padres se preguntan cómo criar niños que sientan un aprecio genuino por las personas, las experiencias y las pequeñas alegrías de la vida. ¿La buena noticia? La gratitud no es algo con lo que los niños simplemente nacen o no. Es una habilidad que crece, suave y gradualmente, a través de los momentos cotidianos que comparten juntos.
En Runningbrook International Preschool, donde hemos recibido a más de 1.200 familias de más de 35 países desde 1993, vemos florecer la gratitud en los gestos más pequeños cada día. Este artículo explora cómo se ve realmente la gratitud en los niños pequeños y ofrece prácticas simples y realizables que puedes integrar a la vida familiar desde hoy.
La gratitud es mucho más que buenos modales. La investigación de los psicólogos Robert Emmons y Jeffrey Froh, referentes en el estudio de la gratitud, ha demostrado que las personas que practican la gratitud tienden a experimentar mayor bienestar, relaciones más sólidas y más resiliencia frente a los desafíos. Cuando ayudamos a los niños a notar y apreciar lo bueno que los rodea, estamos poniendo las bases de una salud emocional que dura toda la vida.
Para los niños pequeños, la gratitud también fortalece las cualidades que más valoramos: la empatía, la confianza social y una imagen positiva de sí mismos. Cuando un niño aprende a decir un sincero "gracias" y realmente lo siente, está aprendiendo a ver el mundo a través de los ojos de los demás, una de las habilidades socioemocionales más importantes de la primera infancia.
Es útil recordar que los niños se desarrollan a su propio ritmo, y la gratitud se ve muy diferente según la edad y etapa de tu hijo. Aquí tienes una imagen general de lo que podrías notar:
Si tu hijo aún no hace estas cosas exactamente a las edades indicadas, por favor no te preocupes. Cada niño sigue su propio ritmo, y no hay apuro. La gratitud, como todas las habilidades socioemocionales, se despliega gradualmente con una guía cariñosa y mucho amor.
Las lecciones más poderosas no ocurren en grandes momentos planificados, sino en el ritmo ordinario de la vida diaria. Aquí tienes algunas prácticas simples y sostenibles para probar.
Los niños aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que les decimos que hagan. Cuando dices "Gracias por ayudarme a poner la mesa" o "Estoy tan agradecida de que salió el sol para nuestro paseo de hoy", le estás mostrando a tu hijo cómo se ve y se siente la gratitud. Expresa tu propio agradecimiento de manera natural a lo largo del día, y tu hijo lo absorberá.
La constancia es lo que hace que la gratitud perdure. Elige un momento cada día, quizás durante la once o a la hora de dormir, para compartir algo por lo que estás agradecido. Puedes preguntar: "¿Qué fue algo bueno que pasó hoy?" Para los más pequeños, mantenlo simple y lúdico. Incluso un niño de dos años puede señalar su juguete favorito o dar un abrazo para decir que está feliz. Estos pequeños rituales se convierten con el tiempo en preciadas tradiciones familiares.
La gratitud y la generosidad crecen juntas. Deja que tu hijo ayude a elegir juguetes para donar, dibuje una tarjeta para un abuelo o ayude a un hermano. Cuando los niños experimentan la alegría de dar, comienzan a apreciar lo que reciben. Estas experiencias prácticas son mucho más significativas que simplemente decirles que sean agradecidos.
En nuestras vidas ajetreadas, la gratitud puede perderse en el apuro. Tómate un momento para detenerte con tu hijo y notar las pequeñas maravillas: una chinita sobre una hoja, el sabor de una fruta favorita, el calor de una frazada acogedora. Cuando dices "¿No es lindo esto?", le estás enseñando a tu hijo a saborear los regalos simples de la vida.
La gratitud se expresa de formas hermosamente distintas en cada cultura. En nuestro entorno multicultural de Runningbrook, celebramos las muchas tradiciones que traen nuestras familias, desde bendiciones antes de comer hasta celebraciones de temporada. Compartir tus propias costumbres familiares ayuda a tu hijo a entender que la gratitud es un valor humano universal, expresado a través de innumerables tradiciones significativas alrededor del mundo.
Nuestra filosofía de aprendizaje a través del juego y enfoque centrado en el niño nutre naturalmente la gratitud. A través del juego, los niños aprenden a compartir, a esperar su turno y a cuidarse unos a otros. En nuestros grupos pequeños, nuestras educadoras dedicadas modelan la amabilidad y el aprecio a diario, ya sea agradeciendo a un niño por ayudar a ordenar o celebrando la bondad de un amigo. Nuestra educación bilingüe y nuestro entorno multicultural les dan a los niños una rica conciencia de las muchas maneras en que las personas expresan cariño y agradecimiento.
Cuando los niños se sienten valorados y seguros, la gratitud surge de manera natural. Por eso nos enfocamos tan profundamente en desarrollar la autoestima, la empatía y la conexión en cada niño, cada día.
Criar a un niño agradecido no se trata de perfección ni de grandes gestos. Se trata de los pequeños momentos amorosos que se repiten día tras día. Algunos días tu hijo te sorprenderá con un "gracias" espontáneo, y otros días puede olvidarse por completo, y eso está perfectamente bien. El progreso en la primera infancia nunca es una línea recta.
Sobre todo, recuerda que tú eres el experto en tu propio hijo. Conoces sus ritmos, su personalidad y su corazón mejor que nadie. Confía en ti mismo, sigue modelando el calor y el aprecio que esperas ver, y ten la certeza de que las semillas de gratitud que plantas hoy florecerán de formas hermosas en los años por venir.