Runningbrook International Preschool
Centro San Carlos: Carlos Peña Otaegui 11206 (esquina La Fuente) San Carlos de Apoquindo, Las Condes
29 de octubre de 2026
Es una de las preguntas que más escuchamos, a veces con ilusión al momento de la matrícula y otras con un poco de preocupación unos meses después: "¿Cuánto falta para que mi hijo hable con fluidez?" Quizás tu pequeño lleva semanas en un programa bilingüe y todavía dice solo un puñado de palabras en el nuevo idioma. Quizás entiende todo, pero responde en el idioma de la casa. O tal vez mezcla ambos idiomas en una misma frase y te preguntas si eso es un problema.
Si algo de esto te suena familiar, no estás solo. En más de tres décadas, Runningbrook ha acompañado a más de 1.200 familias de más de 35 países, y casi todas se han hecho alguna versión de esta pregunta. En este artículo te compartimos plazos honestos basados en la investigación, te explicamos lo que podrías ver en el camino y te ofrecemos ideas prácticas para la casa. Sobre todo, esperamos que te dé tranquilidad: aprender dos idiomas es un camino, no una carrera.
Nos encantaría darte una fecha exacta, pero el aprendizaje de idiomas no funciona así. Cada niño se desarrolla a su propio ritmo, y la rapidez con que adquiere un segundo idioma depende de factores como:
Dicho esto, la investigación nos entrega orientaciones generales útiles. El investigador Jim Cummins propuso una distinción muy influyente entre dos tipos de habilidades lingüísticas. La fluidez conversacional, el lenguaje cotidiano del patio y la hora de la colación, suele desarrollarse en aproximadamente 1 a 2 años de exposición regular. El lenguaje académico, es decir, el vocabulario y las estructuras más complejas que se usan para aprender y razonar, generalmente toma entre 5 y 7 años en alcanzar el nivel de compañeros nativos. Estos plazos provienen de estudios con niños en edad escolar, pero nos recuerdan que la "fluidez" tiene capas y que el dominio real se construye de a poco.
Las investigaciones de Barbara Zurer Pearson y sus colegas sobre niños bilingües también encontraron que la cantidad de exposición importa. Los niños que escuchan un idioma solo una pequeña parte de su tiempo despiertos (aproximadamente menos del 20 a 25 por ciento) tienen mucha menos probabilidad de empezar a hablarlo activamente, aunque lo entiendan. En otras palabras, el contacto constante y significativo con un idioma marca una diferencia real.
La investigadora en primera infancia Patton Tabors, en su reconocido trabajo sobre niños pequeños que aprenden un segundo idioma, describió una serie de etapas por las que pasan muchos preescolares. No todos los niños las recorren en línea recta y algunas se superponen, pero conocerlas te puede ayudar a reconocer avances que no siempre son evidentes.
Al principio, muchos niños siguen usando el idioma que conocen, incluso cuando los demás no los entienden. Es un intento natural y esperanzador de comunicarse.
Luego, muchos niños se quedan callados en el nuevo idioma, a veces durante semanas o incluso varios meses. Esto puede inquietar a las familias, pero es un momento muy activo. Tu hijo está escuchando, observando y descubriendo cómo funciona el idioma. Puede que lo veas seguir instrucciones, reírse en el momento justo de un cuento o sumarse a una canción con gestos, pero sin palabras. La comprensión casi siempre llega antes que el habla.
Después aparecen palabras y "bloques" que le sirven para resolver: "my turn", "no", "water please", "look!". Los niños suelen repetir frases completas que han escuchado muchas veces, como una línea de su canción favorita o de una rutina de la sala.
Poco a poco, los niños empiezan a crear oraciones originales. Cometerán errores, como decir "yo cabo" en vez de "yo quepo", y esa es una excelente señal: significa que están descubriendo las reglas por sí mismos, tal como lo hacen los niños monolingües.
No necesitas hablar ambos idiomas a la perfección, ni siquiera hablarlos, para apoyar a tu hijo bilingüe. Aquí tienes algunas estrategias simples que puedes empezar a usar hoy.
La investigación muestra de forma consistente que un primer idioma sólido favorece el aprendizaje del segundo. Conversa, canta, cuenta historias y lee en el idioma en que te sientas más cómodo. El idioma de tu familia es parte importante de la identidad de tu hijo y de su conexión con los suyos, y es un verdadero tesoro.
Los niños aprenden mejor un idioma cuando les importa lo que se está diciendo. Prueba con canciones, libros ilustrados, juegos simples o dibujos animados en el segundo idioma. Si a tu hijo le fascinan los dinosaurios, un libro de dinosaurios en inglés o en español hará mucho más que cualquier tarjeta de vocabulario.
Cuando tu hijo diga "¡yo corrí muy rápido y lo ganí!", en lugar de corregirlo, repítelo de forma correcta: "¡Corriste muy rápido y le ganaste!". Esta técnica, llamada reformulación, modela el lenguaje con suavidad y mantiene a tu hijo seguro y con ganas de seguir intentando.
Evita presionar a tu hijo para que "actúe" ("¡Dile algo en inglés a la abuela!"). La presión puede hacer que los niños más tímidos hablen aún menos. Confía en que la comprensión está creciendo y deja que tu hijo decida cuándo compartir.
Juntarse a jugar con amigos, videollamadas familiares, actividades comunitarias o leer cuentos con personas que hablan el segundo idioma le dan a tu hijo una razón real para usarlo. El lenguaje crece a través de las relaciones.
En Runningbrook, nuestro enfoque centrado en el niño y el aprendizaje a través del juego están pensados para acompañar la forma natural en que los niños aprenden idiomas. En lugar de ejercicios repetitivos, nuestras educadoras integran el inglés y el español en los momentos cotidianos: construir en el arenero, preparar la colación, cantar en el círculo o explorar el jardín. Estas son justamente las experiencias significativas y repetidas que, según la investigación, favorecen el desarrollo infantil temprano y el crecimiento del lenguaje.
Nuestros grupos pequeños permiten que las educadoras reconozcan la etapa de cada niño y respondan de manera individual, ya sea dándole tiempo para observar a un niño más callado o ampliando las frases de uno más conversador. Y en nuestro entorno multicultural, los niños escuchan muchos idiomas y acentos a diario, y aprenden que hablar más de un idioma es algo normal y valioso. Desde los más pequeños de Growing Steps hasta los niños de Pre-Kinder, la educación bilingüe en Runningbrook se trata de construir confianza, curiosidad y vínculos, no solo vocabulario.
Cada familia tiene distintos objetivos y tradiciones en torno al idioma. Algunas quieren mantener vivo un idioma de herencia; otras acaban de llegar a Chile y quieren que su hijo se adapte; otras buscan preparar a sus hijos para un futuro internacional. Los estilos de comunicación de cada cultura también influyen en cómo hablan los niños. En algunas familias se anima a los niños a participar en las conversaciones de los adultos, mientras que en otras escuchar en silencio es una muestra de respeto. Ninguna es mejor que la otra, y ambas pueden influir en qué tan pronto un niño decide hablar en un entorno nuevo. Entender esto nos ayuda a todos a ser más pacientes y respetuosos.
Entonces, ¿cuánto falta para que tu hijo hable con fluidez? La respuesta honesta es que la fluidez conversacional suele aparecer dentro de uno o dos años de exposición regular, que una fluidez más profunda toma años, y que cada niño recorre este camino a su manera y a su propio ritmo. Los períodos de silencio, las frases mezcladas y los errores creativos son señales de un cerebro trabajando intensamente.
Recuerda que tú eres quien mejor conoce a tu hijo. Conoces su personalidad, sus estados de ánimo y esas pequeñas señales de avance que quizás nadie más nota. Si en algún momento te preocupa su desarrollo del lenguaje en general, en cualquiera de los dos idiomas, confía en tu intuición y conversa con sus educadoras o con un profesional de salud infantil. Ser bilingüe no causa retrasos del lenguaje, pero todo niño merece apoyo cuando lo necesita.
Por sobre todo, disfruta el camino. Cada palabra nueva, cada canción y cada frase divertida y mezclada es una pequeña celebración. Con tu amor, tu paciencia y tu apoyo, tu hijo está construyendo un regalo que lo acompañará toda la vida.