29 de junio de 2026
Si alguna vez has visto a tu hijo deshacerse en llanto en medio del pasillo del supermercado, o has sentido que el corazón se te acelera mientras tu preescolar arquea la espalda y grita porque le cortaste la colación de la manera "equivocada", no estás solo. Las pataletas son una de las experiencias más universales de la crianza temprana y, aun así, pueden dejar incluso al educador más cariñoso y capaz sintiéndose abrumado, avergonzado o sin saber qué hacer.
En Runningbrook International Preschool, donde hemos recibido a más de 1200 familias de más de 35 países desde 1993, hemos visto miles de pataletas ir y venir. Esta es la verdad reconfortante que queremos que lleves contigo: una pataleta no es señal de que algo salió mal. Es señal de que tu hijo se está desarrollando exactamente como debe.
En este artículo te ofrecemos un marco simple y fácil de recordar para responder con calma y confianza: Antes, Durante y Después. Piénsalo como tres momentos que transforman una crisis estresante en una oportunidad de conexión y crecimiento.
Las pataletas son una parte normal del desarrollo infantil temprano. Según la Academia Americana de Pediatría, las pataletas son más comunes entre el primer y el tercer año de vida, con un punto máximo alrededor de los dos años, cuando los niños tienen emociones y deseos muy grandes pero aún no cuentan con el lenguaje ni la madurez cerebral para manejarlos.
Esto es lo que ocurre por debajo: la parte del cerebro responsable del autocontrol, la corteza prefrontal, todavía está muy en construcción. Como nos recuerdan los expertos en pediatría e investigadores en infancia temprana, como los del Centro sobre el Niño en Desarrollo de Harvard, los niños pequeños literalmente no pueden "calmarse" cuando se los ordenan, porque las redes neuronales para la autorregulación todavía se están formando. Construyen esas redes a través de experiencias repetidas y de apoyo junto a un adulto en calma.
Según la edad de tu hijo, las pataletas pueden verse distintas:
Vale la pena recordar que cada niño se desarrolla a su propio ritmo. Algunos niños atraviesan rápidamente los años de las pataletas; otros se demoran más. Ninguno de los dos es un problema que resolver, simplemente un ritmo que respetar.
Muchas pataletas pueden suavizarse, aunque nunca eliminarse del todo, si pensamos con anticipación. La meta no es evitar cada crisis, sino reducir la presión sobre el sistema emocional de tu hijo, que aún está en desarrollo.
Cuando la pataleta está en pleno apogeo, tu herramienta más poderosa es tu propia calma. Los niños toman prestado nuestro sistema nervioso para regular el suyo, un concepto que los investigadores llaman corregulación. Cuando te mantienes firme y tranquilo, te conviertes en el ancla que tu hijo necesita.
Una vez que pasó la tormenta, este es el momento para la conexión, no para el castigo. La reparación posterior es donde ocurre gran parte del aprendizaje.
Nuestra filosofía centrada en el niño y basada en el aprendizaje a través del juego se apoya en la convicción de que los niños aprenden mejor cuando se sienten seguros, vistos y respetados. El marco de Antes, Durante y Después refleja exactamente cómo nuestras educadoras dedicadas acompañan a los niños cada día, en nuestros grupos pequeños y en nuestros amplios espacios de juego interiores y exteriores.
Cuando un niño tiene un momento difícil en nuestro centro, no corremos a silenciar la emoción. Nos ponemos a su altura, nombramos lo que está pasando y nos quedamos cerca. Esto es desarrollo infantil temprano en acción, y está integrado en nuestro entorno multicultural y de educación bilingüe, donde niños de muchos orígenes aprenden que todas las emociones son bienvenidas, aunque no todas las conductas lo sean.
También reconocemos que cada familia trae perspectivas culturales distintas sobre las emociones y la disciplina. Algunas familias valoran la compostura tranquila; otras fomentan la expresión abierta. No existe una única manera "correcta", y honramos la rica diversidad de nuestra comunidad. Lo que más importa es la relación cálida y constante entre tú y tu hijo.
Las pataletas pueden poner a prueba tu paciencia, tus nervios y, a veces, tu propia imagen como educador de tu hijo. Pero, por favor, escucha esto: manejar bien una pataleta no significa manejarla a la perfección. Significa estar presente, una y otra vez, con todo el cariño que puedas encontrar en el momento.
Tú eres el experto en tu propio hijo. Conoces sus ritmos, sus detonantes y los pequeños gestos que lo consuelan mejor que nadie. Usa el marco de Antes, Durante y Después como una guía amable, no como un manual de reglas, y confía en el profundo conocimiento que ya llevas dentro.
Cada pataleta que tu hijo atraviesa, contigo a su lado, lo ayuda a construir las habilidades emocionales que llevará para toda la vida. Y cada vez que respondes con paciencia, le estás enseñando la lección más importante de todas: que es amado, tal y como es.